Las amigas adoptadas

En esta elección de vida tenemos dos tipos de amigas: las de toda la vida, que en su gran mayoría quedaron allá de donde salimos, y amigas nuevas en cada destino en que nos toca pernoctar.

Con las de toda la vida es más fácil, nos conocimos tal y como somos y no necesitamos darnos muchas explicaciones para seguir queriéndonos.

En cambio con las nuevas todo comienza desde cero, sin referencias personales ni historias conocidas y, en lo personal, la cosa empieza bien cuando mi interlocutora pregunta por mi vida y no por los títulos nobiliarios y profesionales de mi marido.

Ya bastante tenemos con seguirlos por el mundo – misión que, aún enfrentada con ganas y amor, implica la perdida o el olvido del yo por algún tiempo – como para tener que basar una relación de amistad nueva sobre los logros de ellos y no los nuestros.

Somos sus compañeras de ruta pero tenemos nuestras propias historias, nuestros propios relatos, sueños, temores y gustos y de ellos es que nos gusta hablar.

Soy una convencida que, aun girando por el mundo, es posible generar y cultivar buenas, sanas y entrañables amistades y para que eso suceda, solo se necesita ser una misma, sin pantallas ni biombos escondedores que nos presenten ante el mundo como lo que realmente no somos.

No nos midamos por las multinacionales que nos mueven; ni por lo largo de los títulos nobiliarios de nuestros consortes; ni por lo brillante de nuestras carrozas; lo hermoso del barrio de nuestros castillos o lo internacional de los colegios de nuestros cachorros lo que, para que no se nos olvide, no es del todo nuestro y se caracteriza por ser temporal.

Midámonos más bien por lo bien que cebamos mates o lo rico que preparamos el café; por lo contagioso de nuestras sonrisas; por la capacidad que nuestros oídos tienen de escuchar historias ajenas; por la calidez de nuestras miradas; lo apretado y reparador de nuestros abrazos y la autenticidad de nuestras acciones.

No es obligatorio ni preciso ser amiga de todas ni que todas nos quieran. Es sano que así sea.

Elijamos bien a nuestras nuevas amigas, porque las de “deveritas “ serán las que quedarán a nuestro lado aún cuando todo el brillo del oro se opaque, los logros del consorte no sean lo suficientemente rimbombantes y todo lo internacional de nuestras vidas deje de ser tan real. Esas nuevas amigas son las que valen la pena.

 Elena, La Mex y yo

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