Ir al Super

Ya aterrizadas y pasados los primeros días, toca la no tan fácil tarea de comenzar a montar de nuevo la casa.

Lo primero, con o sin muebles suficientes, es visitar el Supermercado local porque las almas recién mudadas deben ser, además de apapachadas, alimentadas.

Es fija que, al menos durante el primer mes, volveremos al super unas cuantas veces a la semana; una porque nos olvidaremos de un sin fin de cosas que no sabíamos esenciales para nuestro día día, simplemente porque en los últimos años y en la última casa, a esas cosas las teníamos siempre y dos, porque también es fija que nos clavaremos con más de una compra ya que o no serán del gusto de nuestros compañeros de ruta, o del nuestro personal, o no limpiarán como creíamos que lo harían, o resultará que en el nuevo nido algunas cosas que solíamos comprar ya no hemos de usar y deberemos regresar a comprar las que se ajusten mejor al nuevo lugar.

Para las que no gustamos de ir al supermercado, hacerlo en el nuevo país es todo un reto y me atrevería a decir que para las que gustan de hacerlo, también.

Yo soy de las que entra al super sin lista, por supuesto, y recorro los pasillos y anaqueles cual rayo de luz, mientras voy tirando en el carrito lo que estimo necesario, lo que me imagino que hace falta en mi hogar.

Siempre las mismas cosas; calculo que a los mejores precios; casi siempre las mismas marcas; digamos que no soy de inventar mucho a la hora de hacer las compras.

Ir las primeras veces al super en el país nuevo es todo un reto para todas y para mi, en lo personal, hasta un suplicio. Demoro un perú en reconocer productos, entender que hacen, para que sirven y decidir, sin siquiera saber, si me van a gustar o no.

Si además te toca en suerte un lugar donde la variedad de supermercados es escandalosa y ni que decir la de productos, la tarea se hace aun mas titánica … aunque debo reconocer que dentro de semejante variedad siempre cosas buenas he de encontrar.

Ni modo, aunque me resista y refunfuñe se que no me queda otra mas que probar y experimentar; descartar y entender; medir y calcular, ir y volver, hasta llegar a hacer míos esos nuevos anaqueles y pasillos del super que menos me disguste y así, dentro de poco, poder recorrerlos rápido, a la velocidad de la luz y sin lista, casi como un tramite, tal y como a mi me gusta.

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