Nuestra vida virtual

Los años y mi sabido amor por las redes sociales me llevaron a concluir que los mejores post son aquellos que nacen del corazón. Son, sin duda alguna, los que generan mejores reacciones, crean mayor empatía y desprenden más luz.

Se puede expresar alegría o dolor; reclamar una injusticia; celebrar un logro; compartir el día a día con los que tenemos lejos; recaudar lo necesario y hasta ayudar a encontrar almas perdidas.

Publicar por revancha, por envidia, por venganza, por odio, por desamor, por despecho o para alardear de lo que, en resumidas cuentas, se carece, no es agradable a la vista de los lectores y probablemente no llegue jamás ni cerca del target deseado.

Los trapitos al sol se tuestan; los desamores y dramas nuestros no serán solucionados on line ni son incumbencia de otros y quienes nos leen no necesitan ser psicólogos para dilucidar el verdadero motivo de nuestro exabrupto.

Si se tiene la madurez para manejar uno de estos avances de la tecnología, se debería poseer madurez de sobra y valor suficiente para decir, con una buena taza de café de por medio y en la cara, lo que desagrada o no se está dispuesto a tolerar más.

Las vivencias on line son una pequeña parte de la vida misma, no dejemos que lo virtual nos afecte la carne, los huesos y la paz del alma.

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