Cuando papá viaja

Es como una regla de oro: cuando papá viaja y no está, en la casa los ratones no bailan porque más de alguna cosa, con seguridad, deja de funcionar.

Es una constante que cuando el marido parte, alguno de los niños se enferma; cosas esenciales de la casa dejan de funcionar; el banco bloquea la tarjeta por las dudas … por las dudas que vayamos a despilfarrar el peculio familiar …; al auto se le rompe alguna parte importante; el perro se escapa; de la oficina te piden más trabajo que de costumbre; el Internet está con señal débil; te llaman del colegio para hablar seriamente de la performance de tu hijo y a vos se te parte la cabeza de la gripe que te dio, pero acallas tu dolor con paracetamol hasta que papá vuelva.

Le comunicas todas tus penas por teléfono a tu consorte y, aún cuando te acompañe en sentimiento, no hay nada que pueda hacer y mucho menos resolver.

Pasan unos cuantos días y por arte de magia maternal, cuando el padre regresa a casa la foto que se encuentra es cuasi perfecta, como si nada hubiera acontecido.

Mis años me dicen que por la cabeza de esos buenos hombres se cruza el siguiente pensamiento: “bue! No fue tan grave!”

Créanme señores, si lo fue!!! pero nuestras habilidades biónicas, supersónicas y de otro planeta solucionan hasta lo “insolucionable”.

Los extrañamos pero, aun sin ustedes, todo lo podemos. Sépanlo.

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