La patria que duele y alegra

La patria tira, llama, duele y alegra con la misma intensidad.

Para quienes estamos afuera, la patria duele doble. Duele por querer estar ahí cuando todo brilla y por no poder estar cuando todo se incendia.

Duele por ver desde afuera con más claridad lo que los ojos paisanos no logran ver empañados por el trajín de día a día.

Desde lejos la patria se ve más linda; sus paisajes más majestuosos; sus costumbres más únicas; su gente más querida y sus imperfecciones se olvidan.

Desde afuera las realidades se ven con más detalle; con más claridad y algunas con menos simpatía.

Nuestro lejos es un lejos de corazón cerca; de alma comprometida y de cercanía a pesar de la distancia.

Irse no es sinónimo de olvidar, sino más bien de tatuarte a fuego lento la patria en el pecho.

ce y el topo

 

 

 

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