Lugarcitos que transportan

De golpe ví mis 21 años de vueltas, resumidos en dos anaqueles de un mini super local.

Lugar mágico que, lejos de tantas patrias – la propia y las prestadas-, me transportó por un ratito a olores, colores y sabores que tanto me hacían falta.

Mis manos nerviosas de la emoción no sabían que agarrar primero, si la yerba, las champurradas, las tortillas o las tapas para empanadas.

Con todo, sin importar la procedencia, se me hacía agua a la boca y ahí, en ese espacio de 10 metros de largo por 5 de ancho con estanterías que eran más bajitas que yo, descubrí que no solo extraño a mi Buenos Aires querido, sino también a todos y cada uno de esos lugares que hicieron de mi lo que soy hoy.

Es imposible no delirar con unas champurradas chopeadas en el café con leche; con una porción de yuca frita con sal; con un mate con bizcochitos de grasa; con una quesadilla de bistec con tantito chile o un brigadeiro recubierto de bolitas de colores.

Hoy entendí que tengo el alma repartida y depositada en todos esos reinos mágicos que me dieron morada.

En casa hoy hay fiesta con Incaparina; merengadas; mate; Guaraná; café Santo Domingo; dulce de leche y tortillas, porque en todos esos sabores, sensaciones y recuerdos, tenemos en esta familia el alma repartida.

COMIDA

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