La Negrita

La negrita por fin encontró el calor que tanto le faltaba.

Es que la pobre venía mareada de tanto cambio. No es para menos, en 5 meses la cambiamos 25 veces de lugar; la corrimos de espacio; la guardamos por un rato y la volvimos a sacar y aún así seguía con frío y algo destemplada.

Que negrita exigente e impaciente es esta. Le hemos explicado mil veces que lleva tiempo, que requiere de plata y de algo de talento, pero sobre todo de ganas de querer armar todo de nuevo.

Es que la negrita venia de otras tierras, otros climas y gente bastante más cálida por eso el cambio fue fuerte, un cambio para el que no estaba totalmente preparada.

La negrita pasó días sintiéndose extraña, no encajando ni es su propia morada. A veces le echaba ganas y otras se tiraba a vaga pero lo cierto es que no andaba consiguiendo como hacer suya su nueva casa.

Pero llegó el día en que a la negrita le volvió el calor al alma y de pronto sintió suyo todo lo que la rodeaba; se sintió cómoda, arropada.

Fue ese el día en que la negrita entendió que era verdad que todo pasaba, que todo volvía a acomodarse, afuera y adentro del alma.

la negrita

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