Un Domingo para nosotras

Un “domingo para nosotras” debería ser institucionalizado como día obligatorio para toda madre, como mínimo, una vez al mes.

Son domingos con D mayúscula en los que, mientras te colocás una mascarilla revitalizante en tu agotado rostro, aprovechás para actualizar tu curriculum y, porque no, comprar algún mimo para vos por Internet.

Si el tiempo es bueno y se estira cual chicle, va a dar también para ponerte al día con tu serie preferida; terminar de leer el libro que hace más de seis meses te espera impaciente en tu mesita de luz y hasta organizar las joyitas que tenias guardadas hechas un desastre en tu tocador.

Son días en los que, cuando era aún más joven, la culpa me atacaba porque el padre que se hacia cargo de las niñas o porque no pasaba con ellas cierto numero de horas de su día libre.  Hoy, siendo aún joven pero con más años de recorrido de vida, me amigue con la culpa y entiendo a la perfección que son días imprescindibles para recargar pilas, para ir al baño sin compañía, para bañarse despacito y sin corridas, para tomarse el café caliente, para consentirse ampliamente, descansar de la rutina, hacer lo que se nos plazca y hasta pensar en un sin fin de pavadas.

Seguramente la mascarilla no producirá en mi piel el resultado que muestra en la caja, la serie quede sin terminar, al libro le falten algunas paginas por ojear y mi curriculum no se vea como lo deseaba, pero el domingo para mi es con seguridad una gran caricia al alma.

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