Los niños no vienen con instrucciones

Pasaron 16 desde la primera y 6 años desde la segunda vez que recibí un bebe en casa.

Muchas cosas se me olvidaron, principalmente por la edad que cargo que hace que se me olvide, de vez en cuando, hasta de cómo me llamo.

Pero ayer pasé por una góndola abarrotadas de cosas para bebes y me vino como un sopor frio, el recuerdo de lo maravilloso, estresante, agotador y marcante que fue convertirme en mamá.

Paseando por los pasillos de la tienda, me golpeó el recuerdo de lo difícil que fueron los primeros meses que se extendieron hasta los 3 años de edad. Tanto consejo no pedido; tanta prueba y error; tanto juzgamiento innecesario; tanta culpa infundada; tantas normas quien sabe Dios por quien inventadas; tanto libro al divino botón, tanta presión de pares; tanta necesidad estúpida de mostrarle al mundo que una era la mamá ideal y el retoño, el bebe estrella.

Si volviera a recorrer esas góndolas y me topara conmigo misma a esa edad, me abrazaría fuerte y me diría con vos suave pero convincente, que todo va a estar bien, porque lo va a estar; que el cansancio no durará para siempre y que algún día me sobrarán horas para dormir sin poder conciliar el sueño; que la pequeñita va a aprender a caminar, comer, hablar, hacer pipi solita más rápido de lo que me quiera percatar; que llegará un día en que no querrá saber mucho de mi y que la mitad de las cosas que veo en la góndola no las compre, porque no son necesarias para lo esencial.

Si me cruzara en estos días con una mamá con bebe, le diría que nadie mejor que ella sabe lo que es bueno para ese pedacito de persona; que nadie dijo nunca que la regla era el tener a los bajitos bien peinados todos el tiempo; que todos los niños del mundo hacen berrinches; que todos tienen sus días malos y un millón de días buenos; que ninguno nació con buenos modales; que la mayoría tiene su carácter y que jamás existirá un niño perfecto, como tampoco lo será su mamá.

Le contaría también que lo más sano resultaría pasar por alto comparaciones; comentarios mal intencionados; ideales que no deberían serlo tanto y que lo más sabio es guiarse por el bendito corazón que nos han dado. Porque es el corazón de una mamá el único que sabe para donde ir, hacia donde doblar, que decir, cuando regañar, que es lo más adecuado para nuestros pimpollos y donde esta nuestra verdad.

Cada niño es un mundo, cada mamá su pilar. A la fecha no conozco niño alguno que haya llegado al planeta con instrucciones, ni me puedo imaginar mamá con tiempo suficiente para leerlas.

Crecen rápido y seremos sus reinas por poco rato; aprovechemos el reinado y no olvidemos que el tiempo vuela y en la góndola no hay nada que se pueda comprar para pararlo.

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Amistades

Amistades que liberen; que suelten; que nutran; que cuiden; que acompañen, que entiendan los silencios y comprendan palabras a medias. Amores que perduren en el tiempo y a pesar de la distancia. Lazos que no apaguen sino más bien enciendan.
 
Una amistad que haga flotar; que ataje lagrimas; que dibuje sonrisas; que complete el alma.
 
Amigos de tipos varios, porque con uno solo no alcanza para compartir suficientes alegrías; generar ilusiones; sobrellevar penas o anestesiar heridas.
 
Ausencia de reproches, de reclamos, de indirectas, de sarcasmos. Escasos celos, solo los suficientes para recordar cuanto amor hay involucrado.
 
Saturación de alegría por la felicidad del otro y la compartida. Energía de sobra para arrancar motores que nos hagan alanzar sueños y huir de los sinsabores.
 
Almas nobles; miradas sanas; intenciones limpias y corazones buenos es lo que siempre ando buscando.
ELENA MERIELA LA MEX Y YO

Clarear el alma

Limpiar para sacar lo que nos pesa y dejar entrar lo que nos permita flotar, volar, soñar y vivir en paz.

Borrar los colores oscuros y reemplazarlos por vivos brillos que adornen mejor el espíritu y nos dibujen una sonrisa más amplia.

Lavar los restos de polvo de historias pasadas para que no tapen los conductos de comunicación con las nuevas almas.

Deshacernos de cajas pesadas; dejar que la luz se entrometa; acercar la ventana al sol; permitir que la luna encandile nuestras noches; saltar a tiempo de las tormentosas aguas; darnos el lujo de caminar livianos por las calles que hoy la vida nos regala.

Limpiar para atraer lo que suma; lo que nutre y lo que calma.

Agarrar fuerte y sin miedo la escoba para almas y darle a la nuestra una buena clareada.

Dicen por ahí que la época de eclipses es época de purificación. A esta altura yo decido creer para no reventar y por eso me dedicaré a limpiar.

SOL

Lugarcitos que transportan

De golpe ví mis 21 años de vueltas, resumidos en dos anaqueles de un mini super local.

Lugar mágico que, lejos de tantas patrias – la propia y las prestadas-, me transportó por un ratito a olores, colores y sabores que tanto me hacían falta.

Mis manos nerviosas de la emoción no sabían que agarrar primero, si la yerba, las champurradas, las tortillas o las tapas para empanadas.

Con todo, sin importar la procedencia, se me hacía agua a la boca y ahí, en ese espacio de 10 metros de largo por 5 de ancho con estanterías que eran más bajitas que yo, descubrí que no solo extraño a mi Buenos Aires querido, sino también a todos y cada uno de esos lugares que hicieron de mi lo que soy hoy.

Es imposible no delirar con unas champurradas chopeadas en el café con leche; con una porción de yuca frita con sal; con un mate con bizcochitos de grasa; con una quesadilla de bistec con tantito chile o un brigadeiro recubierto de bolitas de colores.

Hoy entendí que tengo el alma repartida y depositada en todos esos reinos mágicos que me dieron morada.

En casa hoy hay fiesta con Incaparina; merengadas; mate; Guaraná; café Santo Domingo; dulce de leche y tortillas, porque en todos esos sabores, sensaciones y recuerdos, tenemos en esta familia el alma repartida.

COMIDA

Poquito a poco, pasito a paso

Cuantas veces en los últimos meses encaré para el colegio con dolor de panza. Son muchas las mañanas en las que las ganas de ir al cole escasean por estos lados.

Me repito hasta el hartazgo que es un día a la vez. Un día se sienten en la cima del mundo y nosotros reventamos de felicidad y otro día son un manojo de penas y nuestro corazón se estruja de dolor.

Son un millón y medio las veces que reitero frases hechas para conseguir arrancarlas de casa y depositarlas en sus nuevas aulas y, si logro mi cometido, me subo al auto pidiendo por favor que nadie las moleste, nadie se ría de ellas, encuentren un alma amiga y la maestra entienda que todavía falta un poco más para que estos pedacitos de carne vuelvan a arrancar.

Así sigo el día, con la garganta cerrada y el corazón esperanzado de que el de hoy será uno mejor. La barriga, los nervios y las ansias empiezan a incomodar cuando llega la hora de irlas a buscar y hacia allá me dirijo, con el cuerpo molido, el espíritu apaleado, las ganas desaparecidas y la mayor sonrisa que solo Dios sabe de donde saco, para que al salir de clases sean mis dientes los primeros que vean y, si fue un buen día, me muestren los suyos de la misma manera o corran hacia mi para calmar la pena que el día les supo regalar.

Poquito a poco, pasito a paso, algún día pasará.LAS TRES.jpg

El señor Enojo

12 hermosos, eternos, tediosos y desgastantes meses es lo que toma adaptarse.

Lo se, mi cuerpo entero lo ha comprobado, pero a veces se me da por olvidar.

365 días en que el alma y el corazón transitan euforias inmanejables por lo nuevo; frustración profunda por lo imposible de controlar; alegria moderada por lo que se va acomodando y tristeza llevadera por lo que ya no está.

Por ahí del día 175 llega fuerte, rebelde, revuelto y sin pedir permiso, el señor enojo; enojo por lo que sabemos que llegó para no echarse atrás; por lo que entendemos que aún nos falta por conquistar; por lo que ya no es y no volverá; por la rutina perdida; por lo que no nos gusta y jamás nos gustará; por la soledad del cambio y porque la vida allá sigue aún sin nosotros estar.

Rabia por habernos metido en algo que el corazón no tenía ganas de enfrentar. Ira por haber dicho que si cuando nos preguntaron si debían aceptar. Enojo porque ya estamos en el baile y nos duelen los pies de tanto bailar.

Se vale la furia, está permitido el enojo, es parte del proceso; hay que aceptarlo y encarar.

Y en lo que el enojo cobra vida e intensidad, me topo con un alma lúcida que anda en las mismas vueltas y luego de cebarnos al punto de casi reventar; paramos en seco, nos miramos a los ojos y con una risa amplía recordamos que con nosotras no podrán y que estamos exactamente donde tenemos que estar.

ENOJO

Felipe no quiere ponerse el pantalón

Felipe no quiere ponerse el pantalón largo. Es lógico, su cuerpito no entiende que hubo un gran cambio. Su cabecita sigue en el Caribe y seguirá ahí por un buen rato. Su piel no siente frio, tiene un poco de calor panameño aun guardado.

Annika no encuentra aun el pan de su agrado, según ella todos los panes de esta ciudad están podridos y ninguno sabe como los de São Paulo.

Camile divisa un brigadeiro o un pan de agua y se le paraliza el alma.

Como los entiendo a Felipe, Camile y Annika. En tantos años de giros jamás comí una empanada como las de casa; nunca volví a sentir el olor a jazmines que mi papá me regalaba; por mucho que busco no encuentro el aroma de las medialunas recién horneadas y aunque parezca loco, hay días que hasta el 100% de humedad porteña se extraña.

La parte fácil de mudarse es empacar; elegir la nueva casa; seleccionar colegios; subir al avión y zarpar.

Lo complicado empieza un par de semanas después de llegar. El dolor del cambio aflora cuando la novedad ya nos deja de asombrar y nuestra cabecita entiende que no estamos ahí para vacacionar.

Es ahí cuando nos toca acomodarlos primero a ellos; explicarles una y mil veces que este es nuestro nuevo lugar; que es aquí donde vamos a morar y que nosotras sabemos, aunque no sepamos nada, que el nuevo sitio les va a encantar.

Daríamos la vida por entrar en sus cabecitas para, tocando un par de cables, aliviarles el dolor, el miedo y la furia de este nuevo comenzar.

Felipe ya se va a dar cuenta que en la nieve, short no puede usar; su piel se lo hará saber y su cabecita lo entenderá.

Annika va camino a encontrar el pan de sus sueños y ya ha acumulando experiencias agradables en este nuevo andar.

Camile se seguirá emocionando ante un pan de agua, un brigadeiro y el sonido del portugués al pasar y para cuando ya crea que su alma no tiene mas cuerda, justo ese día sabrá que se pudo adaptar y que lo bueno está por comenzar.

Démosle tiempo a la cabeza, al corazón y al alma porque tiempo es lo que necesitan para asimilar.

ANNIKA EN PATINENTA

Hoy, se celebra

Hoy se celebra. Como decían en mi patria cuando era chiquita, siempre hay un motivo real para brindar y nosotras celebramos porque lo que nos pasa por estos lares, es bien real.

Celebramos por todo y por los motivos mas variados: porque la calificación que necesitábamos llego a tiempo y logramos entrar; porque encontramos peluquería que nos hace volver a sentirnos mujeres lindas; porque el hielo reinante no pudo con la cabeza aún a pesar de la caída; porque a pesar de los menos cero de afuera, los días de sol salimos sin guates y a veces hasta sin chal; porque no se nos olvido como se esquiaba; porque los señores apaleadores de nieve llegan siempre a tiempo; porque, aun con frio polar, nos animamos a salir a cenar el fin de semana; porque llegó Felicitas al mundo y, con ese nombre que destila dulzura, hizo a una tía muy feliz; porque la calefacción funciona y las botas son a prueba de balas y porque la tormenta de nieve más temida por estos lados, no acabó con nuestra integridad y mucho menos con nuestro ánimo.

Celebramos porque todos los cajoncitos de esta enorme cajonera que es la vida, se van acomodando en su lugar, aunque aún le falten algunos rieles por aceitar. Brindaremos esta noche porque a pesar de los altos y los no tan altos, seguimos pedaleando esta bicicleta y mantenemos intactas las ganas de salir a conquistar.

Por todos esos motivos y los que se me olvidan postear, hoy en esta bella ciudad gélida se está de fiesta y se celebra en grande, por todos nuestros mayúsculos logros y los muchos más que están por llegar.

Que no decaiga que aún falta mucho por andar. Hay que repetirlo mucho para creérnosla y que no se nos vaya a olvidar. Hasta no tener a esta urbe a los pies, no vamos a parar.

Salud!

BOSTON CON NIEVE

La patria que duele y alegra

La patria tira, llama, duele y alegra con la misma intensidad.

Para quienes estamos afuera, la patria duele doble. Duele por querer estar ahí cuando todo brilla y por no poder estar cuando todo se incendia.

Duele por ver desde afuera con más claridad lo que los ojos paisanos no logran ver empañados por el trajín de día a día.

Desde lejos la patria se ve más linda; sus paisajes más majestuosos; sus costumbres más únicas; su gente más querida y sus imperfecciones se olvidan.

Desde afuera las realidades se ven con más detalle; con más claridad y algunas con menos simpatía.

Nuestro lejos es un lejos de corazón cerca; de alma comprometida y de cercanía a pesar de la distancia.

Irse no es sinónimo de olvidar, sino más bien de tatuarte a fuego lento la patria en el pecho.

ce y el topo

 

 

 

A la vida por los cuernos

Si brilla el sol y el calor arrecia: munirse de las mejores bikinis y elegantes shorts; un buen ventilador para espantar el sopor; llamativos pareos; Havaianas brillosas; repelente para ahuyentar el dengue y buenos tratamientos anti-frizz para el cabello.

Si ante los ojos se nos paran majestuosas montañas: cómodo calzado para las caminatas; equipo apropiado para acampar; cantimploras con muchas agua y unas buenas ruedas para la escalada.

Si la lluvia invade nuestro día a día: coquetas botas de goma; paraguas alegres que nos distingan de la multitud mojada y sacos impermeables para las gotitas de agua.

Si la nieve tapa nuestras ventanas: buenas botas; abrigos térmicos; kit para hacer bolas de nieve y, porque no, para armar un snowman y buenos deslizadores para las pendientes.

Aunque todo lo anterior ayude, nada será mas útil que la tan trillada actitud y las ganas de agarrar las cosas por los cuernos para que no nos domen, sino más bien domarlas.

El resto vendrá por añadidura.

CE Y LA NIEVE